Maya and Aztec

Ancient Mesoamerican civilizations






El Popol Vuh o Pop Wuj. Segunda Parte: Capítulo VI

Category: Popol Vuh

CAPITULO VI

COMENZARON entonces sus trabajos, para darse a conocer ante su abuela y ante su madre. Lo primero que harían era la milpa. -Vamos a  sembrar la milpa, abuela y madre nuestra, dijeron. No os aflijáis; aquí  estamos nosotros, vuestros nietos, nosotros los que estamos en lugar de nuestros hermanos, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

En seguida tomaron sus hachas, sus piochas y sus azadas de palo y se fueron, llevando cada uno su cerbatana al hombro. Al salir

de su casa, le encargaron a su abuela que les llevara su comida.

-A mediodía

nos traeréis la comida, abuela, le dijeron.

-Está bien, nietos

míos, contestó la vieja.

Poco después llegaron al lugar de la

siembra. Y al hundir el azadón en la tierra, éste labraba la tierra, el

azadón hacía el trabajo por sí solo.

De la misma manera clavaban

el hacha en el tronco de los árboles y en sus ramas y al punto caían y

quedaban tendidos en el suelo todos los árboles y bejucos. Rápidamente

caían los árboles, cortados de un solo hachazo.

Lo que había

arrancado el azadón era mucho también. No se podían contar las zarzas

ni las espinas que habían cortado con un solo golpe del azadón. Tampoco era

posible calcular lo que habían arrancado y derribado en todos los montes grandes y

pequeños.

Y habiendo aleccionado a un animal llamado Ixmucur, 24 lo hicieron

subir a la cima de un gran tronco y Hunahpú e Ixbalanqué le dijeron: -Observa

cuando venga nuestra abuela a traernos la comida y al instante comienza a cantar y nosotros

empuñaremos la azada y el hacha.

-Está bien, contestó

Ixmucur.

En seguida se pusieron a tirar con la cerbatana; ciertamente no

hacían ningún trabajo de labranza.

Poco después cantó la

paloma e inmediatamente corrió uno a coger la azada y el otro a coger el hacha. Y

envolviéndose la cabeza, el uno se cubrió de tierra las manos intencionalmente

y se ensució asimismo la cara como un verdadero labrador, y el otro adrede se

echó astillas de madera sobre la cabeza como si efectivamente hubiera estado cortando

los árboles.

Así fueron vistos por su abuela. En seguida comieron, pero

realmente no habían hecho trabajo de labranza y sin merecerla les dieron su comida.

Luego se fueron a su casa. -Estamos verdaderamente cansados, abuela, dijeron al llegar,

estirando sin motivo las piernas y los brazos ante su abuela.

Regresaron al

día siguiente, y al llegar al campo encontraron que se habían vuelto a

levantar todos los árboles y bejucos y que todas las zarzas y espinas se

habían vuelto a unir y enlazar entre sí.

-¿Quién nos ha

hecho este engaño?, dijeron. Sin duda lo han hecho todos los animales pequeños

y grandes, el león, el tigre, el venado, el conejo, el gato de monte, el coyote, el

jabalí, el pisote, los pájaros chicos, los pájaros grandes;

éstos fueron los que lo hicieron y en una sola noche lo ejecutaron.

En seguida

comenzaron de nuevo a preparar el campo y a arreglar la tierra y los árboles

cortados. Luego discurrieron acerca de lo que habían de hacer con los palos cortados

y las hierbas arrancadas.

-Ahora velaremos nuestra milpa; tal vez podamos sorprender

al que viene a hacer todo este daño, dijeron discurriendo entre sí. Y a

continuación regresaron a la casa.

-¿Qué os parece, abuela, que

se han burlado de nosotros? Nuestro campo que habíamos labrado se ha vuelto un gran

pajonal y bosque espeso. Así la hallamos cuando, llegamos hace un rato, abuela le

dijeron a su abuela y a su madre. Pero volveremos allá y velaremos, porque no es

justo que nos hagan tales cosas, dijeron.

Luego se vistieron y en seguida se fueron

de nuevo a su campo de árboles cortados y allí se escondieron,

recatándose en la sombra.

Reuniéronse entonces todos los animales, uno

de cada especie se juntó con todos los demás animales chicos y animales

grandes. Y era media noche en punto cuando llegaron hablando todos y diciendo así en

sus lenguas: “¡Levantaos, árboles! ¡Levantaos, bejucos!”

Esto

decían cuando llegaron y se agruparon bajo los árboles y bajo los bejucos y

fueron acercándose hasta manifestarse ante sus ojos [de Hunahpú e

Ixbalanqué].

Eran los primeros el león y el tigre, y quisieron

cogerlos, pero no se dejaron. Luego se acercaron al venado y al conejo y sólo les

pudieron coger las colas, solamente se las arrancaron. La cola del venado les quedó

entre las manos y por esta razón el venado y el conejo llevan cortas las colas.

El gato de monte, el coyote, el jabalí y el pisote tampoco se entregaron. Todos

los animales pasaron frente a Hunahpú e Ixbalanqué, cuyos corazones

ardían de cólera porque no los podían coger.

Pero, por

último, llegó otro dando saltos al llegar, y a éste, que era el

ratón, al instante lo atraparon y lo envolvieron en un paño. Y luego que lo

cogieron, le apretaron la cabeza y lo quisieron ahogar, y le quemaron la cola en el fuego,

de donde viene que la cola del ratón no tiene pelo; y así también le

quisieron pegar en los ojos los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué.

Y

dijo el ratón: -Yo no debo morir a vuestras manos. Y vuestro oficio tampoco es el de

sembrar milpa.

-¿Qué nos cuentas tú ahora?, le dijeron los

muchachos al ratón.

-Soltadme un poco, que en mi pecho tengo algo que deciros

y os lo diré en seguida, pero antes dadme algo de comer, dijo el ratón.

-Después te daremos tu comida, pero habla primero, le contestaron.

-Está bien. Sabréis, pues, que los bienes de vuestros padres

Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, así llamados, aquéllos que murieron

en Xibalbá, o sea los instrumentos con que jugaban, han quedado y están

allí colgados en el techo de la casa: el anillo, los guantes y la pelota. Sin

embargo, vuestra abuela no os los quiere enseñar porque a causa de ellos murieron

vuestros padres.

-¿Lo sabes con certeza?, le dijeron los muchachos al

ratón. Y sus corazones se alegraron grandemente cuando oyeron la noticia de la pelota

de goma. Y como ya había hablado el ratón, le señalaron su comida al

ratón.

-Ésta será la comida: el maíz, las pepitas de

chile, el frijol, el pataxte, el cacao: todo esto te pertenece, y si hay algo que

esté guardado u olvidado, tuyo será también, ¡cómelo!, le

fue dicho al ratón por Hunahpú e Ixbalanqué.

-Magnífico,

muchachos, dijo aquél; pero ¿qué le diré a vuestra abuela si me

ve?

-No tengas pena, porque nosotros estamos aquí y sabremos lo que hay que

decirle a nuestra abuela. ¡vamos!, lleguemos pronto a esta esquina de la casa, llega

pronto a donde están esas cosas colgadas; nosotros estaremos mirando al desván

de la casa y atendiendo únicamente a nuestra comida, le dijeron al

ratón.

Y habiéndolo dispuesto así durante la noche,

después de consultarlo entre sí, Hunahpú e Ixbalanqué llegaron a

mediodía. Cuando llegaron llevaban consigo al ratón, pero no lo

enseñaban; uno de ellos entró directamente a la casa y el otro se

acercó a la esquina y de allí hizo subir al instante al ratón.

En seguida pidieron su comida a su abuela. -Preparad nuestra comida,25 queremos un

chilmol,26 abuela nuestra, dijeron. Y al punto les prepararon la comida y les pusieron

delante un plato de caldo.

Pero esto era sólo para engañar a su abuela

y a su madre. Y habiendo hecho que se consumiera el agua que había en la tinaja:

-Verdaderamente nos estamos muriendo de sed; id a traernos de beber, le dijeron a su

abuela.

-Bueno, contestó ella y se fue. Pusiéronse entonces a comer,

pero la verdad es que no tenían hambre; sólo era un engaño lo que

hacían. Vieron entonces en su plato de chile 27 cómo el ratón se

dirigía rápidamente hacia la pelota que estaba colgada del techo de la casa.

Al ver esto en su chilmol, despacharon a cierto Xan, el animal llamado Xan, que es como un

mosquito, el cual fue al río y perforó la pared del cántaro de la

abuela, y aunque ella trató de contener el agua que se salía, no pudo cerrar

la picadura hecha en el cántaro.

-¿Qué le pasa a nuestra abuela?

Tenemos la boca seca por falta de agua, nos estamos muriendo de sed, le dijeron a su madre y

la mandaron fuera. En seguida fue el ratón a cortar [la cuerda que sostenía]

la pelota, la cual cayó del techo de la casa junto con el anillo, los guantes y los

cueros. Se apoderaron de ellos los muchachos y corrieron al instante a esconderlos en el

camino que conducía al juego de la pelota.

Después de esto se

encaminaron el río, a reunirse con su abuela y su madre, que estaban atareadas

tratando de tapar el agujero del cántaro. Y llegando cada uno con su cerbatana,

dijeron cuando llegaron al río: -¿Qué estáis haciendo? Nos

cansamos [de esperar] y nos vinimos, les dijeron.

-Mirad el agujero de mi

cántaro que no se puede tapar, dijo la abuela. Al instante lo taparon y juntos

regresaron, marchando ellos delante de su abuela.

Y así fue el hallazgo de la

pelota.

—–

Notas de Adrián Recinos:

24 La tórtola,

mucuy en maya.

25 Literalmente, moled nuestra comida. La comida de los indios

quichés consistía principalmente en tortillas y bollos de maíz cocido y

molido en la piedra que se llamaba caam, el metatl de México.

26 Chilmulli, en

náhuatl, salsa de chile o ají.

27 Dentro del chilmol. La salsa

líquida y roja hacía las veces de espejo y reflejaba los movimientos del

ratón en el techo, sin que los muchachos parecieran estarlos observando.


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