Maya and Aztec

Ancient Mesoamerican civilizations






El Popol Vuh o Pop Wuj. Segunda Parte: Capítulo VIII

Category: Popol Vuh

CAPITULO VIII

MARCHARON entonces, llevando cada uno su cerbatana, y fueron bajando en dirección a Xibalbá. Bajaron rápidamente los escalones y pasaron entre

varios ríos y barrancas. Pasaron entre unos pájaros y estos pájaros llamábanse Molay.

Pasaron también por un río de podre y por un

río de sangre, donde debían ser destruidos según pensaban los de

Xibalbá; pero no los tocaron con sus pies, sino que los atravesaron sobre sus

cerbatanas.

Salieron de allí y llegaron a una encrucijada de cuatro caminos.

Ellos sabían muy bien cuáles eran los caminos de Xibalbá: el camino

negro, el camino blanco, el camino rojo y el camino verde. Así, pues, despacharon a

un animal llamado Xan. Éste debía ir a recoger las noticias que lo enviaban a

buscar. -Pícalos uno por uno; primero pica al que está sentado en primer

término y acaba picándolos a todos, pues ésa es la parte que te

corresponde, chupar la sangre de los hombres en los caminos, le dijeron al mosquito.

-Muy bien, contestó el mosquito. Y en seguida se internó por el camino

negro y se fue directamente hacia los muñecos de palo que estaban sentados primero y

cubiertos de adornos. Picó al primero, pero éste no habló; luego

picó al otro, picó al segundo que estaba sentado, pero éste tampoco

habló.

Picó después al tercero; el tercero de los que estaban

sentados era Hun-Camé. -¡Ay!, dijo cuando lo picaron.

-¿Qué es eso, Hun-Camé? ¿Qué es lo que os ha picado?

¿No sabéis quién os ha picado?, dijo el cuarto de los Señores

que estaban sentados.

-¿Qué hay, Vucub-Camé? ¿Qué

os ha picado?, dijo el quinto sentado.

-¡Ay! ¡Ay!, dijo entonces

Xiquiripat. Y Vucub-Camé le preguntó: -¿Qué os ha picado? Y dijo

cuando lo picaron, el sexto que estaba sentado: -¡Ay!

-¿Qué es

eso, Cuchumaquic?, le dijo Xiquiripat. ¿Qué es lo que os ha picado? Y dijo el

séptimo sentado cuando lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué hay,

Ahalpuh?, le dijo Cuchumaquic. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron,

el octavo de los sentados: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Chamiabac?, le

dijo Ahalcaná. ¿Qué ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el noveno de

los sentados: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Chamiabac?, le dijo

Ahalcaná. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el

décimo de los sentados: -¡Ay!

-¿Qué pasa, Chamiaholom?,

dijo Chamiabac. ¿Qué os ha picado? Y dijo el undécimo sentado cuando lo

picaron: -¡Ay!

-¿Qué sucede?, le dijo Chamiaholom.

¿Qué os ha picado? Y dijo el duodécimo de los sentados cuando lo

picaron: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Patán?, le dijeron.

¿Qué os ha picado? Y dijo el décimotercero de los sentados cuando lo

picaron: -¡Ay!

-¿Qué pasa, Quicxic?, le dijo Patán.

¿Qué os ha picado? Y dijo el décimocuarto de los sentados cuando a su

vez lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué os ha picado, Quicrixcac?, le dijo

Quicré.

Así fue la declaración de sus nombres, que fueron

diciéndose todos los unos a los otros; así se dieron a conocer al declarar sus

nombres, llamándose uno a uno cada jefe. Y de esta manera dijo su nombre cada uno de

los que estaban sentados en su rincón.

Ni un solo de los nombres se

perdió. Todos acabaron de decir su nombre cuando los picó un pelo de la pierna

de Hunahpú que éste se arrancó. En realidad, no era un mosquito el que

los picó y fue a oír los nombres de todos de parte de Hunahpú e

lxbalanqué.

Continuaron su camino [los muchachos] y llegaron a donde estaban

los de Xibalbá.

-Saludad al Señor, al que está sentado, les dijo

uno para engañarlos.

-Ése no es Señor, no es más que un

muñeco de palo, dijeron, y siguieron adelante. En seguida comenzaron a saludar:

-¡Salud, Hun-Camé! ¡Salud, Vucub-Camé! ¡Salud, Xiquiripat

¡Salud, Cuchumaquic! ¡Salud, Ahalpuh! ¡Salud, Ahalcaná!

¡Salud, Chamiabac! ¡Salud, Chamiaholom! ¡Salud, Quicxic! ¡Salud,

Patán! ¡Salud, Quicré! ¡Salud, Quicrixcac!, dijeron llegando ante

ellos. Y enseñando todos la cara les dijeron sus nombres a todos, sin que se les

escapara el nombre de uno solo.

Pero lo que éstos deseaban era que no

descubrieran sus nombres.

-Sentaos aquí, les dijeron, esperando que se

sentaran en el asiento [que les indicaban].

-Éste no es asiento para nosotros,

es sólo una piedra ardiente, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué, y no

pudieron vencerlos.

-Está bien, id a aquella casa, les dijeron. Y a

continuación entraron en la Casa

Oscura. Y allí tampoco fueron vencidos.


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