Maya and Aztec

Ancient Mesoamerican civilizations






El Popol Vuh o Pop Wuj. Segunda Parte: Capítulo X

Category: Books, Popol Vuh

CAPITULO X

ENTRARON después en la Casa del Frío. No es posible describir el frío que hacía. La casa estaba llena de granizo, era la mansión del  frío. Pronto, sin embargo, se quitó el frío porque con troncos viejos  lo hicieron desaparecer los muchachos.
Así es que no murieron; estaban vivos cuando amaneció. Ciertamente lo que querían los de Xibalbá era que

murieran; pero no fue así, sino que cuando amaneció estaban llenos de salud, y

salieron de nuevo cuando los fueron a buscar los mensajeros.

-¿Cómo es

eso? ¿No han muerto todavía?, dijo el Señor de Xibalbá.

Admirábanse de ver las obras de Hunahpú e lxbalanqué.

En seguida

entraron en la Casa de los Tigres. La

casa estaba llena de tigres. -¡No nos mordáis! Aquí está lo que

os pertenece, les dijeron a los tigres. Y en seguida les arrojaron unos huesos a los

animales. Y éstos se precipitaron sobre los huesos.

-¡Ahora sí se

acabaron! Ya les comieron las entrañas. Al fin se han entregado. Ahora les

están triturando los huesos. Así decían los guardas, alegres todos por

este motivo.

Pero no murieron. Igualmente buenos y sanos salieron de la Casa de los Tigres.

-¿De qué

raza son éstos? ¿De dónde han venido? decían todos los de

Xibalbá.

Luego entraron en medio del fuego a una Casa de Fuego, donde

sólo fuego había, pero no se quemaron. Sólo ardían las brasas y

la leña. Y asimismo estaban sanos cuando amaneció. Pero lo que querían

[los de Xibalbá] era que murieran allí dentro, donde habían pasado. Sin

embargo, no sucedió así, con lo cual se descorazonaron los de

Xibalbá.

Pusiéronlos entonces en la

Casa de los Murciélagos. No había más que

murciélagos dentro de esta casa, la casa de Camazotz, un gran animal, cuyos

instrumentos de matar eran como una punta seca, y al instante perecían los que

llegaban a su presencia.

Estaban, pues, allí dentro, pero durmieron dentro de

sus cerbatanas. Y no fueron mordidos por los que estaban en la casa. Sin embargo, uno de

ellos tuvo que rendirse a causa de otro Camazotz que vino del cielo y por el cual tuvo que

hacer su aparición.

Estuvieron apiñados y en consejo toda la noche los

murciélagos y revoloteando: Quilitz, quilitz, decían; así estuvieron

diciendo toda la noche. Pararon un poco, sin embargo, y ya no se movieron los

murciélagos y se estuvieron pegados a la punta de una de las cerbatanas.

Dijo

entonces Ixbalanqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer?, mira

tú.

-Tal vez sí, voy a ver, contestó éste.

Y como

tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana, y quería ver si

había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de

Hunahpú quedó decapitado.

Nuevamente preguntó Ixbalanqué:

-¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A

dónde se ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se

movía, y permanecía callado.

Entonces se sintió avergonzado

Ixbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente

vencidos.

Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden

expresa de Hun-Camé y Vucub-Camé, y todos los de Xibalbá se regocijaron

por lo que había sucedido a la cabeza de Hunahpú.


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