Maya and Aztec

Ancient Mesoamerican civilizations






El Popol Vuh o Pop Wuj. Tercera Parte: Capítulo II

Category: Books, Popol Vuh

Capítulo II

Estos son los

nombres de los primeros hombres que fueron creados y formados: el primer hombre fue Balam-Quitzé, el segundo Balam-Acab, e1 tercero Mahucutah y el cuarto  Iqui-Balam.

Estos son los nombres de nuestras primeras madres y padres.2

Se

dice que ellos sólo fueron hechos y formados, no tuvieron madre, no tuvieron padre.

Solamente se les llamaba varones. No nacieron de mujer, ni fueron engendrados por el Creador

y el Formador, por los progenitores. Sólo por un prodigio, por obra de encantarniento

fueron creados y formados por el Creador, el Formador, los Progenitores, Tepeu y Gucumatz. Y

como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron; hablaron, conversaron, vieron y

oyeron, anduvieron, agarraban las cosas; eran hombres buenos y hermosos y su figura era

figura de varón.

Fueron dotados de inteligencia; vieron y al punto se

extendió su vista, alcanzaron a ver, alcanzaron a conocer todo lo que hay en el

mundo. Cuando miraban, al instante veían a su alrededor y contemplaban en torno a

ellos la bóveda del cielo y la faz redonda de la tierra. Las cosas ocultas [por la

distancia] las veían todas, sin tener primero que moverse; en seguida veían el

mundo y asimismo desde el lugar donde estaban lo veían.

Grande era su

sabiduría; su vista llegaba hasta los bosques, las rocas, los lagos, los mares, las

montañas y los valles. En verdad eran hombres admirables Balam-Quitzé,

Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Entonces les preguntaron el Creador y el Formador

: — ¿Que pensáis de vuestro estado? ¿No miráis. ¿No

oís? ¿No son buenos vuestro lenguaje y vuestra manera de andar? ¡Mirad,

pues! ¡Contemplad el mundo, ved si aparecen las montañas y los valles!

¡Probad, pues, a ver!, les dijeron.

Y en seguida acabaron de ver cuanto

había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador : — ¡En

verdad os damos gracias dos y tres veces! Hemos sido creados, se nos ha dado una boca y una

cara, hablamos, oímos, pensamos y andamos; sentimos perfectamente y conocemos lo que

está lejos y lo que está cerca. Vemos también lo grande y lo

pequeño en el cielo y en la tierra. Os damos gracias, pues, por habernos creado,

¡oh Creador y Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra! ¡Oh

nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y formación.

Acabaron de conocerlo todo y examinaron los cuatro rincones y los cuatro puntos de la

bóveda del cielo y de la faz de la tierra.

Pero el Creador y el Formador no

oyeron esto con gusto. — No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras

obras; todo lo saben, lo grande y lo pequeño –dijeron. Y así celebraron

consejo nuevamente los Progenitores : — ¿Qué haremos ahora con ellos?

¡Que su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un

poco de la faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su

naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser ellos también

dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando amanezca, cuando salga el sol?

¿Y si no se propagan? — Así dijeron.

— Refrenemos un poco sus deseos,

pues no está bien lo que vemos. ¿Por ventura se han de igualar ellos a

nosotros, sus autores, que podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos

todo?

Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huracán, Chipi-Caculhá,

Raxá-Caculhá, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané,

el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la naturaleza de sus

obras, de sus criaturas.

Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho

sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un

espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron ver lo que estaba cerca, sólo esto

era claro para ellos.

Asi fue destruida su sabiduría y todos los conocimientos

de los cuatro hombres, origen y principio [de la raza quiché].

Así

fueron creados y formados nuestros abuelos, nuestros padres, por el Corazón del

Cielo, el Corazón de la

Tierra.

—–

Notas de Adrián Recinos:

2 Es

decir, los antepasados, los progenitores. En el capítulo siguiente el autor vuelve a

llamarlos madres, en el mismo sentido genérico.


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